PEDIATRÍA y crianza responsable

Sanatorio Nosti

salud | Edición #62

Dra. Julia Arito: “Comprendí que la medicina debe ser un servicio humano y de calidad que debemos ofrecer como profesionales”. 

El grupo humano de profesionales y especialistas en pediatría del Sanatorio Nosti está conformado por cuatro médicos, entre los cuales se destaca la presencia y dedicación de la Dra. Julia Arito, Médica Pediatra. 

¿Cómo funciona el servicio de pediatría del Sanatorio Nosti?

El servicio con el que cuenta el sanatorio, cumple específicamente con la función pediatría, que acompaña la recepción de los recién nacidos, en partos naturales y en cesáreas, además del acompañamiento y seguimiento que se brinda, hasta el día del alta médico. Y, por otro lado, la atención médica pediatra de los niños. 

¿Cómo fue que surgió tu interés por la medicina y dónde fue tu formación profesional?

Mi interés por la medicina comenzó en los últimos años de la secundaria, cuando opté por la modalidad del biológico en el Colegio Normal de Rafaela. En mi familia no hay quien se dedique a la medicina específicamente, pero las ocupaciones de parientes cercanos siempre estuvieron relacionadas con la atención y el cuidado de las personas. Soy la primera médica en la familia. 

Mi formación profesional la realicé en la Universidad Nacional de Rosario, donde descubrí otra perspectiva de la medicina, ya no eran solo los procesos biológicos humanos que me interesaban en la adolescencia, ahí aprendí y comprendí que la medicina debe ser un servicio humano y de calidad que debemos ofrecer como profesionales. En los últimos años de cursado de la carrera opté por la especialidad de Pediatría, que, luego, realicé en el Hospital de Niños “Dr. Orlando Alassia” en la capital de la provincia. 

Teniendo en cuenta que te formaste y especializaste en otras ciudades, ¿cómo fue la vuelta a Rafaela y cómo te sentís en este ámbito de trabajo? 

Lo que más me gusta de trabajar en esta institución es la familiaridad que se logra con los colegas, porque es un equipo chico en el que estamos en constante articulación y comunicación. 

Hace cinco años que volví a Rafaela y lo que me gusta es poder conocer a mis pacientes pequeños y sus familias desde una cierta cercanía, porque son “hijos, nietos o sobrinos de…”, entonces eso hace posible que se generen vínculos estrechos con la familia y el pequeño desde una perspectiva profesional, porque es a través de esos vínculos donde la atención médica se personaliza y llega a ser de mejor calidad; y esto es primordial para la pediatría especialmente, porque acompaña al niño y a los padres en el proceso de crecimiento del mismo (y en la crianza), en distintas situaciones y dificultades, en las ciudades chicas se permite cierta familiaridad y cotidianeidad que en las ciudades más grandes es difícil de encontrar. 

Específicamente ¿cuáles son tus funciones y formas de trabajo dentro de este equipo?

Ofrezco atención pediátrica de consultorio y guardias de recepciones de bebés. Atiendo a niños pequeños, la mayoría de ellos tienen menos de 5 años de edad. Los motivos más recurrentes por los que vienen son controles de rutinas, resolución de ciertas patologías, dudas o consultas que van surgiendo durante el crecimiento de ellos, y teniendo en cuenta la fecha en la que estamos, también se acercan por certificados escolares, fichas médicas para iniciar actividades físicas, etc. 

El pilar fundamental sobre el que se apoya mi trabajo es el concepto de “una crianza respetuosa”, en base a los nuevos derechos del niño, que lo ven como sujeto de derechos, y rompe los parámetros tradicionales de una crianza arbitraria como la que se daba habitualmente. Esta tipología de profesionalismo es lo que permite tener cierta flexibilidad para con la familia y el desarrollo del niño en sus primeras etapas de vida. En la medicina, que siempre fue una disciplina de las más tradicionales, esto implica un desafío: comenzar a adaptarse a las necesidades y particularidades de cada niño y cada situación en especial, porque son seres diversos y las familias también.

Los mayores, desde el lado profesional y también personal, debemos comprender que el niño no es un adulto, sino que es un ser que está en desarrollo y transcurren los propios procesos del mismo, y en cada etapa tienen diferentes formas de comunicarse y comunicar lo que les pasa, desde que nacen hasta que son grandes, tienen diferentes y diversas maneras de transmitir. Mediante el respeto también hay que aprender a escuchar estas cuestiones. Los niños son bastantes claros porque no mienten y son más contundentes en lo que les pasa.