Emilio Scarinci: Un médico sin fronteras

El Dr. rafaelino Emilio Scarinci se recibió de médico en la Universidad de Buenos Aires, luego realizó la especialización en Cirugía General y ahora hace diez años que trabaja en emergencias sanitarias, lo que lo llevó a ser convocado para participar de una misión humanitaria en Haití, tras el terremoto ocurrido el pasado 14 de agosto.

salud | Edición #79

“Yo creo que uno no vuelve a ser el mismo después de una experiencia de este tipo”, comenzó relatando el Dr. Emilio Scarinci.

El pasado 14 de agosto, Haití vivió un terremoto de magnitud 7,2 Mw, dejando a cientos de personas sin hogar y a muchos centros de salud sin funcionar. Otro sismo más, como el de 2010, el cual se llevó consigo más de 300 mil vidas. Esta vez, las ciudades que se vieron más afectadas fueron Los Cayos, Jérémie y Corail. En esta última aterrizó el Dr. Emilio Scarinci, médico cirujano de la ciudad, coordinador del SIES 107 de la Región Salud de Rafaela, quien participa desde el primer momento en el manejo y la gestión de la pandemia desde el hospital "Dr. Jaime Ferré".

Scarinci recibió la convocatoria para participar de la misión humanitaria integrada por 24 voluntarios a través de la comisión Cascos Blancos, un organismo argentino para asistencia internacional que está bajo la órbita de Cancillería de la Nación.

“Yo creo que uno no vuelve a ser el mismo después de una experiencia de este tipo”

“En el momento del terremoto se comenzó a preparar esta misión de despliegue rápido, que consiste en un equipo médico de emergencia que se va a desplegar en una de las zonas más afectadas. El sábado 14 fue el terremoto. El día martes 17 me llaman, me solicitan la colaboración y al momento digo que sí. Nosotros salimos el sábado 21”, detalló el cirujano.

La preparación de la misión consistió en estipular cuántos días permanecerían en el lugar -en este caso fueron dos semanas- para llevar todo lo necesario para subsistir durante ese período de tiempo. “Los equipos de asistencia internacional requieren de autosuficiencia. No pueden llegar a un lugar y generar demandas o crear necesidades en el terreno”, sostuvo.

Tras algunas horas de viaje, el domingo 22 arribaron a Corail, una ciudad de 22.000 habitantes en el suroeste de Haití. El equipo que viajó desde Argentina se conformó de 24 personas, entre ellos, nueve médicos, una licenciada en obstetricia y tres enfermeros, como personal de salud; y el resto personal de logística. A su vez, estuvieron acompañados por la embajadora y presidenta de Cascos Blancos, Marina Cardelli, y Nicolás Sabuncuyan, el vicepresidente del organismo.

Luego de arribar a la localidad, Scarinci notó que “el mayor impacto se dio sobre las viviendas. Esto hace que gran parte de la población no tenga garantizado el acceso a la vivienda y eso pone a estas familias en una situación de extrema vulnerabilidad. Junto a los daños sobre estructuras sensibles, como hospitales, instalaciones sanitarias, que suman problemas a la situación”.

Durante aquellas dos semanas, su día a día consistió en brindar asistencia médica a aquellas personas que lo requerían, cuyas patologías podían estar vinculadas tanto directa como indirectamente al terremoto.

En tal sentido, el médico, quien en los últimos 10 años se desempeñó en  emergencias sanitarias, es decir, en gestión de riesgo desde diferentes lugares, explicó: “El hospital local estaba muy dañado estructuralmente. Cuando nosotros llegamos prácticamente no estaba funcionando. Entonces, lo que uno atiende o resuelve, por ejemplo, tiene que ver con una persona que tuvo una fractura vinculada al terremoto, pero también con ese niño con diarrea que ahora no puede ir al hospital, porque el hospital no está funcionando por el terremoto”.

Allí no solo ayudó el grupo de Argentina, sino que también arribaron misiones humanitarias desde Estados Unidos, Francia, España, México, Brasil, Cuba, entre otros, todos bajo “la coordinación de Naciones Unidas a través de sus agencias para la ayuda humanitaria y la gestión de riesgo de desastres”.

Cabe aclarar que en Haití solo hablan kreyol, que es un dialecto derivado del francés, y francés. Por lo que dentro del grupo de Cabos Blancos también había personas que hablaban francés, quienes los ayudaban a comunicarse. “Incluso nos acompañó un haitiano que reside en Buenos Aires, Jackson, que nos permitió interpretar no solamente el idioma, sino también cuestiones culturales muy arraigadas, que quizás si uno las desconoce o no logra interpretarlas bien pueden generar situaciones problemáticas”, comentó el coordinador del 107.

Sin lugar a dudas, muchos podemos tener un estereotipo de Haití, podemos imaginar cómo se vive en ese país o cómo se atraviesa un terremoto. Sin embargo, uno no sabe con certeza cómo es hasta que lo vive en carne propia.

Al consultarle qué le sorprendió de aquel país, Scarinci dudó unos minutos y luego dijo con convicción: “El hambre y la sed en los niños, eso realmente me impactó muchísimo. Y la necesidad de ayuda. Cuando aterrizamos la gente se abalanzaba a los helicópteros en busca de comida. La asistencia alimentaria llega por aire, entonces si ven un helicóptero acercándose, para la gente es sinónimo de comida”.

Es por ello que el médico cirujano asegura que estas experiencias “cambian la forma de ver muchas cosas” y que “es un aporte en lo personal y en lo profesional”.

Luego de aquellas dos semanas, finalmente la misión concluyó y se prepararon para partir nuevamente a Argentina. No obstante, Emilio relata que la despedida fue “muy emotiva”. “La gente se acercó a despedirnos, nos dieron una mano con la movilización de los equipamientos, con la carga de los helicópteros”, destacó y sumó: “La gente es muy agradecida, es cordial, son muy respetuosos”.

Minutos antes de terminar la llamada telefónica, Scarinci remarcó: “Uno se imagina las escenas duras, que tienen que ver con los daños estructurales, los daños en las viviendas, la gente que ha perdido su casa, los heridos… Es una postal difícil, pero uno tiene que ir sabiendo que se va a encontrar con esas imágenes”.

“No es fácil, pero es importante lograr entender que uno va a hacer lo que puede con lo que tiene. Y hay distintas formas que manejar la sensación de frustración que se puede dar cuando uno ve que quizás la demanda es muy grande y lo que uno puede ofrecer quizás queda chico al lado de esa gran demanda que surge en esa situación. Lo más importante es saber que ayudamos a cada una de esas personas a la cual le brindamos algo. Eso es lo importante, cada persona a la cual le pudimos brindar ayuda, mitigar algún dolor o acompañarlos en esta situación”, concluyó el Dr. Emilio Scarinci.